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Lunes.
8:47 de la mañana.
Tu primer día.

Llegás a la oficina con el mismo café de siempre, pero todo lo demás es distinto. Desde hoy, sos el nuevo Gerente General de Distribuidora del Centro.

Sobre el escritorio, te espera un mensaje.

Metalúrgica Balcarce (nuestro mayor cliente) dice que se va. Dejó un preaviso de 15 días.

Contacto Don José: 11 4423-XXXX
— Gladys, tu secretaria

Y un mensaje de audio.

"Hola, soy Rodrigo, el contador. Mirá, necesito que nos juntemos antes de las tres porque hay que cerrar el balance y… bueno, los números que tenemos no son exactamente los números que vamos a presentar. Nada del otro mundo, es lo que se hace siempre. Pero alguien tiene que firmar. Bienvenido."

Salís al pasillo. La cocina donde el equipo está terminando de desayunar está al fondo, puerta entreabierta. Antes de llegar, ya escuchás:

Distribuidora del Centro
Encuesta de Clima Interno 2024
94%
de satisfacción

No son las 9 todavía. En tu primer día, todo parecen problemas.

¿Qué hacés?
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La reunión
con el dueño

A las 14 en punto estás frente al escritorio de Horacio Funes, dueño y fundador de Distribuidora del Centro. Treinta y dos años de empresa. Fotos con intendentes. Un trofeo de golf.

Le contás lo del audio de Rodrigo.

Le mostrás el post-it de Gladys.

Le preguntás por el equipo.

Horacio sonríe. Cierra la carpeta que tenía abierta. La reunión, claramente, terminó.

Caminás de vuelta a tu oficina con una certeza y tres dudas. La certeza: Horacio tiene una respuesta para todo. Las dudas: ninguna de esas respuestas te convenció del todo.

Mañana es martes. Todavía estás a tiempo de entender qué está pasando de verdad.

¿Qué hacés?
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La IA
trabaja rápido

Con toda tu experiencia, los problemas no te resultan tan extraños. Ya los viste antes, en otras empresas, en otros rubros. Abrís la notebook. Le contás a la IA lo que sabés — que es poco, pero algo es algo. El audio de Rodrigo. El post-it de Gladys. Lo que escuchaste en el pasillo.

Le pedís a la IA que analice la competencia, el mercado, las tendencias del sector. En treinta minutos tenés un mapa de tu competencia, casos de éxito, comparativas y guías para casi todo. Todo lo que necesitás para armar un diagnóstico que suene sólido.

El resultado es convincente. Explica todo lo que pasó y los objetivos que necesitamos conseguir. Un plan de transformación completa de la empresa en tres etapas con indicadores, responsables y cronograma. Todo presentado con una claridad que da gusto leer.

Es exactamente lo que necesitabas.

O eso parece.

¿Qué hacés?
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Hablás
con cada uno

Rodrigo, el contador, entra a tu oficina con dos carpetas bajo el brazo y la cara de quien ya no espera que nada cambie. Se sienta, suspira, y arranca:

Te deja las dos carpetas sobre el escritorio. Planillas inentendibles, facturas sueltas, rendiciones con tickets pegados sin ninguna anotación.

Y se va.

A las 10, Rubén de Comercial te explica que Metalúrgica Balcarce lleva doce años trabajando con ustedes. Treinta por ciento de la facturación.

Con Rubén al lado, llamás a Don José Balcarce de Metalúrgica Balcarce y te atiende.

Cortás. Rubén te mira expectante.

A las 11, Sonia de Recursos Humanos entra a tu oficina. La saludás y le comentás lo bien que te pareció ver los resultados de la encuesta de clima — casi noventa y cuatro por ciento de satisfacción!!

Sonia te mira un segundo.

Son casi las 12. Con lo que escuchaste esta mañana, más la conversación pendiente con Don José Balcarce, podrías ponerte a trabajar con IA, analizar datos, revisar documentos clave, ver históricos de clientes, y en un par de horas tener un plan de acción completo. Algo que sorprenda al dueño, al equipo y a los clientes. Que relance la empresa. Que te catapulte.

¿Qué hacés?
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El mega plan

Abrís la notebook. Lo primero es la información. Programás una forma rápida de sacar fotos a los documentos que te dejó Rodrigo y procesarlos de manera automática. Ponés a una persona a hacer eso las próximas cuatro horas. Si no se duerme antes, termina.

Mientras tanto, pedís los históricos de quejas de clientes y le pedís a la IA que analice causas raíz, reincidencias, patrones. Por supuesto, no tenés tiempo para leer cada uno — un resumen te viene perfecto.

A eso sumás todos los procedimientos internos que encontrás, las evaluaciones de clima de los últimos años, y un par de indicaciones tuyas sobre lo que viste esta mañana. La IA cruza todo, encuentra patrones, genera recomendaciones.

Dos horas después tenés un plan de setenta y dos diapositivas. Procesos rediseñados. Automatizaciones. Indicadores. Un nuevo modelo de atención al cliente. Proyecciones de crecimiento a tres años. Todo con gráficos.

A las 14, entrás a la oficina de Horacio. A las 14 y 20, sin haber pasado de la diapositiva 13, golpea la mesa con la palma abierta.

Pasan tres semanas. El plan está aprobado, comunicado y en marcha. O debería estarlo.

El área comercial asiste a las reuniones de implementación pero nadie toma notas. El contador recibe nuevos formularios que no se conectan con ninguno de sus sistemas y sigue estimando, ahora con más pasos. El equipo escucha las novedades con la misma cara con la que escucharía el pronóstico del tiempo de una ciudad del otro lado del planeta.

A última hora del día, cuando tenés el dashboard abierto en una pantalla y el plan en otra, algo no cierra. Los números no se mueven. La gente no se mueve. El plan es perfecto y no está pasando nada.

¿Qué hacés?
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Más control,
más presión

Decidís que el problema es la ejecución. Que la gente necesita más seguimiento, más estructura, más presencia en cada detalle. Como no tenés tiempo de estar atrás de cada uno, configurás una IA que hace ese trabajo: pide reportes diarios, a veces dos veces por día. Te llega un aviso por cada presupuesto que se emite, por cada mail que se responde, por cada mail que no se responde. La IA clasifica todo, manda alertas en tiempo real y genera resúmenes automáticos de situación por área.

El equipo dejó de proponer porque total vos vas a cambiar todo. El resentimiento no se dice, se nota en los tiempos, en los errores, en el silencio de las reuniones.

Descubrís que Rodrigo sigue haciendo exactamente lo mismo que hacía antes de que llegaras. Las carpetas, las estimaciones, los números que cierran solos. La IA te manda alertas. Rodrigo las ignora con la misma calma con la que ignora todo.

Rubén se despidió de dos cuentas menores sin avisarte porque los clientes estaban furiosos y no había vuelta atrás. Para cuando te enteraste, tenían nuevo proveedor.

Te reunís con Don José Balcarce. Escucha todo. Asiente. Toma notas. Cuando terminás, cierra el cuaderno y te mira.

Pausa.

Te da la mano sin convicción, le abrís la puerta sin saber cómo retenerlo. Sabés que no va a llamar.

Un jueves a las 10 de la mañana, Horacio te pide que pases por su oficina.

¿Qué hacés?
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Plan
por área

Antes de proponer cualquier cosa, decidís entender de verdad qué está pasando. Abrís la notebook y empezás a cruzar lo que escuchaste con lo que podés encontrar: datos del sistema, históricos, documentos internos. La IA te ayuda a ordenar, a identificar patrones, a hacerte preguntas que todavía no te habías hecho.

Después volvés a hablar con cada uno. Ahora con más información y mejores preguntas.

Rodrigo, el contador, te mira diferente cuando volvés.

Le mostrás lo que encontraste: la información existe, está en el sistema, pero para llegar a un número hay que bajar un PDF, buscar el dato a mano, cargarlo en el Excel, pasarlo al sistema contable, filtrar por fecha, emitir cada comprobante por separado, cerrar todo en el portal del gobierno. Cada mes. Para cada cuenta. Diecisiete pasos, la mitad manuales, ninguno conectado con el siguiente.

Rodrigo te mira.

Con la IA, analizás cada paso. Cuáles se pueden automatizar, cuáles dependen de sistemas externos que no controlás, cuáles requieren criterio humano. Rodrigo te va confirmando, corrigiendo, agregando contexto. Sabe exactamente dónde están los cuellos de botella — lo que nunca tuvo es a alguien dispuesto a escucharlo.

Al final de la conversación, tenés un mapa claro del proceso. Y dos maneras posibles de atacarlo.

¿Qué hacés?
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El cliente
que se va

La reunión con Don José fue mejor de lo que esperabas. No se fue contento, pero se fue escuchado. Y antes de despedirse dijo algo que te quedó dando vueltas:

Eso es suficiente para trabajar.

Pedís ver el historial de quejas de Metalúrgica Balcarce. Lo que encontrás es lo que hay: algunos registros sueltos en el sistema, mails sin respuesta archivados en distintas casillas, anotaciones a mano en una carpeta que alguien tuvo la precaución de guardar. No es gran cosa, pero es algo. Le pedís a la IA que agrupe, clasifique, busque lo que pueda.

El resultado igual es claro: no hay un problema de calidad técnica. Hay un problema de proceso. Nunca se le pidió al cliente que aprobara un plan con objetivos y alcances definidos. No hay registros de compromisos por escrito. Nadie lo contacta durante el trabajo, solo al final. No existe una encuesta de satisfacción, ni un seguimiento posterior a la entrega.

Balcarce no se queja porque sea difícil. Se queja porque nunca supo bien qué esperar, ni cuándo, ni de quién.

Hablás con Rubén. Hablás con gente de operaciones. Nadie discute el diagnóstico — en el fondo, todos lo sabían.

Con la IA analizás opciones. Un sistema de seguimiento puede resolver buena parte de esto: registro de compromisos, alertas, encuestas automáticas, visibilidad del estado de cada trabajo para el cliente. La pregunta es cómo implementarlo.

¿Cómo encarás el tema del cliente?
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El clima
que nadie ve

La información escrita no describe la realidad. Las encuestas dicen una cosa, las conversaciones dicen otra. Para entender qué está pasando de verdad, hacen falta nuevas estrategias — y alguien dispuesto a escuchar de verdad.

Volvés con Sonia. Le preguntás cómo cree que se siente la gente, qué cosas le parece que pueden necesitar. Sonia habla durante veinte minutos sin que tengas que interrumpirla. Sabe exactamente qué pasa — lo que nunca tuvo es un canal para decirlo.

Le proponés algo distinto: una encuesta que sea de verdad anónima, transparente en sus objetivos, y que no se sienta como llenar un formulario de recursos humanos. Con la IA explorás opciones: preguntas con mejor base teórica, formatos más cortos y dinámicos, instancias previas donde el equipo pueda proponer los temas que le importan, comunicación clara de para qué se usan los resultados, devolución abierta a todos una vez procesado. Hay muchas maneras de hacer que la gente se sienta parte del proceso antes de que empiece.

¿Cómo encarás el clima interno?
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Control
total

Decidís que el problema es la ejecución. Que la gente necesita más seguimiento, más estructura, más presencia en cada detalle. Como no tenés tiempo de estar atrás de cada uno, configurás una IA que hace ese trabajo: pide reportes diarios, a veces dos veces por día. Te llega un aviso por cada presupuesto que se emite, por cada mail que se responde, por cada mail que no se responde. La IA clasifica todo, manda alertas en tiempo real y genera resúmenes automáticos de situación por área.

El equipo dejó de proponer porque total vos vas a cambiar todo. El resentimiento no se dice, se nota en los tiempos, en los errores, en el silencio de las reuniones.

Descubrís que Rodrigo sigue haciendo exactamente lo mismo que hacía antes de que llegaras. La IA te manda alertas. Rodrigo las ignora con la misma calma con la que ignora todo.

Rubén se despidió de dos cuentas menores sin avisarte porque los clientes estaban furiosos y no había vuelta atrás. Para cuando te enteraste, tenían nuevo proveedor.

Horacio te llamó ese mismo día. Antes de que pudieras decir nada, te contó que estuvo mirando un poco de IA, que le vendieron un sistema integral para la empresa, que cubre buena parte de lo que vos habías armado, y que es bastante más barato que un sueldo.

De camino a casa, pensás que usaste la tecnología, sí. Pero cualquier herramienta puede tener impactos muy distintos según cómo y para qué se usa. No siempre es obvio cuál es cuál hasta que ya pasó.

Final
Llegaste al Final 3
La IA
para todo
Final
Llegaste al Final 1
No resulta

Horacio te pide que pases por su oficina un jueves a las 10. Cuando entrás, te das cuenta de que no está conforme con nada de lo que está pasando.

Le explicás que el plan es sólido, que la gente no está adoptando el cambio como debería, que necesitás más tiempo y más apoyo. Que la gente no te entiende.

Doce minutos de reunión. Una semana y media y fin del contrato.

Salís al pasillo con una caja con tus cosas y la certeza de que en otra empresa, con otra gente, con otro dueño, esto hubiera funcionado.

Final
Llegaste al Final 2
Una decisión
imprevista

Horacio, el dueño, te pide que pases por su oficina un jueves a las 10. Cuando entrás, notás que está preocupado por los números, por los clientes, por el equipo. No hay enojo, pero tampoco hay salida: las cosas no están funcionando y los dos lo saben.

Mientras te habla, algo hace clic. Dejás de escuchar y te ponés a pensar que la IA es una genialidad, que hay un mundo entero ahí adentro que todavía no exploraste, y que quizás las posiciones de liderazgo no son el lugar desde donde más podés aportar.

Antes de que Horacio termine, lo interrumpís.

Horacio te mira. Asiente despacio, como si lo hubiera esperado.

Camino a casa, vas preguntándole a la IA cómo podrías aprender más sobre uso responsable y eficaz de las nuevas tecnologías. Las respuestas te sorprenden. Hay más de lo que imaginabas.

Final
Llegaste al Final 4
Vas por buen
camino, pero
hay más

Las tres áreas tienen un plan. La IA trabajó, procesó, recomendó. Vos decidiste, implementaste, avanzaste.

Y algo está funcionando. No todo, no siempre, no de la manera que esperabas. Pero algo se mueve.

Lo que empezás a notar, con el tiempo, es que algunas soluciones que parecían perfectas en papel generan más preguntas que respuestas en la práctica. Que hay cosas que el sistema no captura. Que la gente a veces tiene razón aunque los datos digan otra cosa.

La IA es una herramienta extraordinaria. Pero en el lugar en que estás, rodeado de personas con historia, con miedos, con criterio propio, usarla bien significa también saber cuándo no usarla, o cuándo usarla distinto.

Vas bien. Estás usando la IA, estás tomando decisiones, las cosas se mueven. Lo que sigue es afinar: entender mejor los impactos de cada herramienta, escuchar más a los que están cerca, y animarte a dejar algunas cosas sin automatizar por un tiempo. No porque la tecnología no pueda — sino porque a veces el proceso importa tanto como el resultado.

Final
Llegaste al Final 5
En la dirección
correcta

Las tres áreas tienen un plan. En algunas fuiste con todo, en otras preferiste ir paso a paso, escuchar, ajustar sobre la marcha.

Y se nota. Hay cosas que funcionan mejor que hace un mes. Las conversaciones son distintas. La gente empieza a traer problemas en lugar de esconderlos.

No es una transformación. Es un comienzo.

Estás encontrando el equilibrio entre lo que la IA puede resolver sola y lo que necesita de contexto humano para tener sentido. Eso no es poco — es exactamente lo más difícil.

Seguí. Profundizá. Prestá atención a los bordes, a los casos que no entran en ninguna categoría, a las personas que todavía no te dijeron lo que piensan. Ahí suele estar lo más importante.

Final
Llegaste al Final 6
Muy cerca
del camino

Las tres áreas tienen un plan. Fuiste construyendo de a poco, involucrando a la gente, usando la IA como herramienta y no como oráculo.

El resultado es bueno. No perfecto, pero bueno. Y la diferencia entre bueno y muy bueno, en este caso, no está en la tecnología — está en los detalles que solo se ven cuando alguien está dispuesto a escuchar un poco más.

Estás muy cerca. Lo que sigue no es aprender más herramientas sino abrir un poco el juego: buscar otros que estén transitando algo parecido, comparar notas, equivocarse junto con alguien en lugar de solo, y descubrir que los mejores aprendizajes sobre IA casi siempre llegan de esas conversaciones, no de los tutoriales.

Final
Llegaste al Final 7
Sabés lo
que hacés

Las tres áreas tienen un plan. Construido de a poco, con la gente adentro, con la IA donde tenía sentido y sin ella donde no lo tenía. Sin atajos, sin prometerte que en tres meses todo iba a ser distinto.

Las cosas se mueven. Y se sostienen.

Encontraste algo que no abunda: saber cuándo usar la tecnología, cómo involucrar a las personas en el proceso, y entender que una herramienta poderosa en el momento equivocado puede complicar más de lo que resuelve.

Distribuidora del Centro está en buenas manos.